¿Cómo ha afectado la pandemia del coronavirus a los servicios de Agifes?

Con el decreto de estado de alarma sanitaria, Agifes tuvo que cerrar todos los centros e incrementar la presencia de profesionales en los diez pisos, en los que residen 53 personas. Había que adecuar los servicios para seguir atendiendo a todas las personas usuarias, máxime ante el reto que el confinamiento obligatorio planteaba para el cuidado de la salud mental. Frente a la nueva situación, la asociación comenzó a destinar un buen número de recursos humanos y tiempo a los pisos tutelados.

 
También vieron trastocada su normalidad las 84 personas que acuden a los centros de rehabilitación psicosocial, las 44 que asisten al programa de Ocio y Tiempo Libre (OTL), las 40 atendidas a través del servicio de Apoyo Psicosocial Comunitario (APC), las más de 30 que acuden a Karabeleko, así como las que reciben atención a través del programa de acogida y orientación y del programa de apoyo grupal e individual.
 
Para poder atender al mayor número de personas posible, “desde la asociación apostamos por continuar ofreciendo el servicio de forma telefónica y telemática, incluso con asistencia presencial en los casos necesarios”, señala Ruth Encinas, gerente de Agifes. Por ello, “queremos destacar y agradecer especialmente la dedicación y vocación de nuestro equipo humano, que se ha esforzado por mantener la máxima calidad del servicio durante el confinamiento”, asegura la responsable de la asociación, quien reconoce que la capacidad de adaptación y flexibilidad que ha demostrado el equipo humano ha permitido evitar el ERTE.
 
En el caso de las viviendas tuteladas, los primeros días fueron "muy complicados", porque tal y como explica Encinas, “no se disponía del material de protección necesario para que un equipo de 19 personas acudiera diariamente a los pisos en turnos de mañana, tarde e incluso fines de semana. Fueron semanas de mucho miedo al contagio y muy difíciles de gestionar”, admite Encinas.
 
Por su parte, el Programa de Apoyo Psicosocial Comunitario pasó a ser telefónico, “y si lo habitual era realizar dos sesiones presenciales con la educadora a la semana, pasamos a efectuar cinco llamadas como mínimo a cada usuario para comprobar cómo se encontraba y conocer su situación personal”, explica la gerente de Agifes. En cuanto a los grupos de apoyo de familiares y de personas con problemas de salud mental, se han detenido hasta septiembre. No obstante, a los participantes se les ha ofrecido apoyo psicológico individualizado de forma telefónica, al principio, y presencial, tras el confinamiento.
 
Del mismo modo, los usuarios y usuarias de los CRPS, de OTL y de Karabeleko han recibido diariamente una llamada de los trabajadores de Agifes, quienes también les han compartido rutinas y vídeos de ejercicios y relajación para aligerar los días de confinamiento. Además, se gestionó un catering diario para que las personas que vivían solas y tuvieran dificultades para alimentarse de forma saludable pudieran disfrutar de, al menos, una comida equilibrada cada día.
 
Vuelta a la normalidad
Los servicios presenciales han ido retornando poco a poco a la normalidad, aunque siempre respetando las medidas de seguridad e higiene correspondientes a cada fase de la desescalada. Los centros retomaron su funcionamiento con aforo reducido y, a partir del 29 de junio, recuperaron el aforo completo. Para ello, se han adoptado medidas de obligado complimiento tanto para trabajadores y trabajadoras como para personas usuarias, y se han desarrollado planes de contingencia específicos. En cuanto a los servicios centrales y de acogida, que se ofrecen en la sede de Morlans, en Donostia, es recomendable acercarse con cita previa.