Pablo Mondragón, psicólogo de Agifes: «Hay personas que logran integrar y asumir el trauma como parte de su vida y salen fortalecidas»

Por puro desconocimiento, en ocasiones es difícil empatizar con una persona que sufre las consecuencias del trauma, por lo que es importante informar y sensibilizar a la población acerca de este tema. Así lo afirmó el psicólogo de Agifes Pablo Mondragón en la charla ‘Experiencias traumáticas y salud mental’ impartida en Tolosa el 14 de septiembre. El psicólogo ofreció una descripción pormenorizada del trauma, de sus posibles consecuencias y de los factores de riesgo en la aparición de patologías como el trastorno de estrés postraumático.
 
El psicólogo definió el trauma como “un impacto emocional grande con consecuencias psicológicamente muy negativas” y puso ejemplos como el ser víctima de abusos o agresiones sexuales, violencia de género, terrorismo o cualquier tipo de accidente. Este tipo de vivencia “no puede ser integrada de la forma habitual en el mundo experiencial del recuerdo, por ser demasiado dolorosa”, por lo que es normal que la persona que ha vivido algún suceso de esta índole sufra ciertas consecuencias psicológicas. A este respecto, Mondragón señaló que no solamente las víctimas directas presentan síntomas, sino que el ser testigo o conocedor de un hecho traumático y presenciar o exponerse repetidamente a uno de estos sucesos también acarrea efectos negativos, como puede ser el caso de profesionales sanitarios, bomberos y policías.
 
Estrés postraumático
Entre las posibles consecuencias se encuentra el trastorno por estrés postraumático, caracterizado por toda una serie de síntomas negativos enumerados y descritos por el conferenciante: síntomas de intrusión que provocan que el afectado experimente recuerdos recurrentes o involuntarios, sueños o ‘flashbacks’; evitación de recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos que puedan despertar el trauma; alteraciones negativas en el pensamiento y el estado de ánimo como incapacidad de recordar, creencias o expectativas negativas persistentes o culpabilización; alteraciones del nivel de alerta como arrebatos de furia, tendencia a la autodestrucción o hipervigilancia. Estos síntomas pueden presentarse de manera aislada, pero si se dan varios de ellos de forma persistente durante un tiempo superior a un mes, se considera que la persona sufre de un trastorno que debe tratarse.
 
El psicólogo mencionó algunos factores de riesgo en la aparición de este trastorno, como la inestabilidad emocional o un problema mental previo. También estableció una distinción en la naturaleza del acontecimiento traumático, ya que si es de origen intencional "hay más posibilidades de desarrollar un trastorno porque se pierde la confianza básica en las personas”, mientras que un accidente es fortuito y no quiebra ninguna confianza. La intensidad del hecho, el grado de violencia del mismo, también influye, así como el hecho de padecerlo en un lugar seguro como la casa de un familiar o en un colegio, donde no esperarías que nada malo pudiera pasar.
 
Una vez pasado el trauma, Mondragón también señaló que existen factores postraumáticos que agravan las consecuencias del suceso como el escaso apoyo social, tener lesiones o consecuencias físicas, la falta de credibilidad o la victimización secundaria. Respecto a este último factor, el psicólogo habló de una “doble herida” que es muy frecuente cuando la víctima acude a la justicia y tiene que contar y revivir una y otra vez su experiencia. Durante la conferencia se mostró un vídeo en el que una niña relataba cerca de una docena de veces los abusos sexuales de los que había sido víctima ante su madre, una profesora, un policía, una abogada o un juez, con el sufrimiento que eso conlleva para la persona que ha pasado por una experiencia así y se ve obligada a revivirla.
 
Por último, el psicólogo recomendó tratar las consecuencias del trauma cuando los síntomas duran más de seis semanas o interfieren gravemente en el funcionamiento cotidiano y generan un malestar intenso en la persona. Como tratamiento, Mondragón apostó por el abordaje cognitivo conductual, en el que el paciente es expuesto, poco a poco, a estímulos asociados con el trauma para disminuir el nivel de ansiedad que le provoca el recuerdo de la vivencia. Además de la exposición, en este tipo de tratamiento se desestigmatiza y despatologiza la experiencia del paciente, que a veces se siente culpable o avergonzado por lo sucedido. El tratamiento farmacológico puede ser de ayuda cuando los síntomas son graves y existe una ideación suicida, conductas impulsivas o depresión severa.
 
Para finalizar, Mondragón subrayó que no es bueno confrontar a las personas con la experiencia traumática que han vivido y que es importante respetar los tiempos de cada individuo. El psicólogo quiso terminar con optimismo y defendió la capacidad de resiliencia de ciertas personas, que logran integrar y asumir el trauma como parte de su vida y salen fortalecidas.