Relatos premiados 2016

¡Estos son los relatos ganadores del V Concurso de Relatos Cortos Libre Mente! Un año más, estamos encantados por la calidad y la cantidad de trabajos recibidos y queríamos agradecer vuestras excelentes aportaciones. Más de 500 relatos, en español y en euskara, que nos han ofrecido múltiples y variadas visiones de la salud mental, y con los que hemos disfrutado y aprendido enormemente. Tras varios meses de lectura y deliberación, aquí tenéis los relatos que hemos seleccionado. ¡La alta calidad de los relatos nos lo ha puesto muy difícil!

¡Disfrutad de la lectura!

 


 

Mireya Gómez Encinas
31/01/2017
 
Alicia está atrapada en una isla. Es pequeña y asfixiante. Ahoga. Allá donde mira la abruma la inmensidad del mar que la rodea, turbio, infinito, insalvable. Las tormentas torpes e incansables que azotan la costa y las olas furiosas que se golpean unas a otras la agotan. No recuerda cómo llegó allí ni por qué. Sólo sabe que el aire es gris y húmedo, por fuera y por dentro.
 
Todo empezó con una gripe. Si fue el origen, un detonante o un síntoma es difícil asegurarlo. ¿Precede el daño físico necesariamente al emocional, o viceversa? Alicia empezó a sentirse fatigada (más de lo normal) y le dolía todo el cuerpo. Le punzaban partes que ni sabía que existían. Cuando despertó, hasta le dolían los ojos. No tenía fuerzas para abrirlos, como si no hubiera nada que mereciera la pena contemplar con ellos. Permaneció en la cama durante días. El médico le dijo que ya debería haberse recuperado, y que le mandaría una analítica para ver si todo iba bien. Alicia asintió, sabiendo con certeza que no aparecería nada. Lo que tenía dentro de ella no era medible de esa manera.
 
Ése fue el último día en tierra firme.
 
María José Ceruti Andrés
31/01/2017
3:52 am: Ali ha vuelto a despertarme tapándome la nariz. Bueno, quizá esté siendo injusta; no es ella, es la parálisis del sueño. He estado durmiendo peor desde que comparto habitación con Ali; cuando no trata de ahogarme, se me sienta en el pecho, o grita en mitad de la noche. Siempre estoy cansada por su culpa. Ella parece que nunca tiene sueño.
 
7:45 am: He conseguido volver a dormirme después del episodio de parálisis. Ali se ha sentado a mi lado y ha esperado a que sonara el despertador para gritarme en un oído. Últimamente lo hace todos los días. Me he levantado como un resorte y he apagado la alarma, con el corazón haciéndome daño contra las costillas. Ali, como siempre, no ha dicho nada. Yo tampoco.
 
Ainara Altuna Etxeberria
31/01/2017
 
Me lo hiciste comprender una semana antes de tu muerte. O al menos, así lo quise interpretar. Llevabas días arrastrando lo poco que quedaba de tu identidad, se me hacía difícil definirte como Mi Madre. La morfina y demás medicamentos devoraron casi por completo lo que una vez fuiste para ti misma y para los demás. El precio a pagar por aniquilar el dolor era muy alto.
 
Llevábamos tres horas sentadas en el sofá, sumergidas en un estremecedor mutismo. Eran las ocho de la tarde y al ser noviembre, fuera reinaban los colores oscuros. Quizá por empatía, las nubes lloraban mucho, como en las películas tristes. Yo había encendido una pequeña lámpara que teníamos en la sala para que las luces halógenas no te molestaran.
 
MariJoxe Azurtza Sorrondegi
31/01/2017

Nire begi ertzetik zeharka begiratzen zintudan beti, aurrez begiratu ezkero irrikaren-irrikaz gehiegi larritu, eztarri zuloa itxi eta arnas gabe geldituko nintzela beldur nintzelako, konortea galtzeko ikaraz. Maiteminez ninduzun, maitasun larrian.

Irrika zintudan! Gogo beroak ergelduta egunez eta zuhurki gauez.  Gaualdean, galtzetan eskua sartu eta patrika zulo hutsa aurkitzean, lurbiran den guztiarekin ernegatu eta biharamunean ez nuela zurekin nire aurrezki gehiago xahutuko hitz ematen nion nire buruari zuhurki... ai, baina, kupidoren geziak eragindako zuloa!!! biharamunean, komuneko ispilu aurrean bezperako maitemin-ajearen begi zuloak argi eta garbi nabarmenduta ere,  zoraizeak jo eta txolinki sorginduta, errez-errez gastatuko nuen berriz ere dirua zurekin. Zure lilurak nire buruari emandako hitza ufada batez urrunduko zuen... Eta ni, maitasun haize eroak astintzen zuen errota nintzen ni, zurekin nintzenean.
 
Raúl Barranco García
21/02/2017

Al bajar del tren, Enrique vio un pen drive olvidado en un asiento. Se había pasado medio viaje dormido, con el dedo entre las páginas de Nubosidad variable. Ni el paisaje castellano, ni Carmen Martín Gaite consiguieron suscitar su interés. Pocas cosas lo conseguían últimamente, y por poco tiempo. Cada nuevo desconocido, lleno de posibilidades mientras le era permitido imaginárselo a placer, acababa decepcionándole al tratarlo y descubrir cómo era en realidad. Nada más subir al tren, como por instinto, hizo un rápido escaneo de los viajeros y concluyó que no se perdería nada optando por Morfeo como compañero de viaje. Sacó el libro y apoyó la cabeza en el respaldo. Un par de asientos más atrás, a una chica le costó varios intentos sacudirse los amagos de conversación de un señor mayor. Contestó amablemente, pero regateando cada palabra. Tenía una voz bonita. 

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