“En la infancia es posible detectar problemas de relación que pueden apuntar a una enfermedad mental”

La psiquiatra Bitxori Bravo considera que “la capacidad y los recursos del niño para adaptarse en las relaciones familiares, sociales y escolares empieza a desarrollarse antes de nacer”. La especialista, que ofreció una charla el pasado de 10 de junio en Urretxu, aseguró que “en el primer año se pueden ver las dificultades de adaptación y detectar enfermedades mentales graves. En la manera en que se relacionan con las personas que les acogen, se pueden ver signos que pueden hacer pensar en una psicosis”. Reconoció que, en ocasiones, familiares cercanos al niño, en muchos casos las madres, “se dan cuenta de éste les mira diferente”; perciben algo distinto en él en comparación con sus hermanos u otros bebés.
 
La manera en que empieza a hablar y a relacionarse con el entorno “nos da una pista muy grande de la capacidad que tiene para adaptarse”. No obstante, Bravo admitió que a edades tan tempranas no es posible realizar un diagnóstico específico.
 
El niño empieza a “soltarse o despegarse” de la madre a medida que ve que esa persona que cubre sus necesidades “no está siempre disponible para él”. “Ahí es cuando comienza a desarrollarse en él una necesidad de pedir, de articular un pensamiento e ir desarrollando un lenguaje para demandar. Eso hace que luego pueda ordenarse, desarrollarse y adaptarse a otras personas”, apuntó.
 
Bravo explicó que cada vez que sucede una separación en la vida de la persona, “hay una puesta a prueba de los recursos que tiene para relacionarse”. Cuando empiezan a ir a la escuela, algunos niños, “aparentemente, se aclimatan enseguida “, pero no tienen la capacidad para despedirse de sus padres. En palabras de la experta, “ese es un signo importante de dificultad de adaptación”.
 
También se pueden apreciar dificultades a los 5 o 6 años, cuando los niños empiezan a desarrollar la lectura y la escritura, lo cual supone relacionarse con un lenguaje diferente. A partir de los 12 años, “van tomando conciencia de que los padres no son tan maravillosos como se los imaginaban de pequeños”, por lo que deben construir “una figura de madre o padre diferente”. Esta fase coincide también con un cambio de ciclo en la escuela, y entonces es cuando resulta más sencillo detectar los “problemas graves de adaptación”. A veces, “no consiguen dar ese paso a una nueva forma de aprender, a una nueva distribución de profesores, a una nueva manera de relacionarse con los amigos o a entablar nuevas amistades”. 
 
La ponente señaló que, entre los 12 y 14 años, “muchas veces se empiezan a ver actitudes de agresividad, de distorsión de la imagen que se tiene de los compañeros y de la realidad”. Además, de los 14 a los 16 años se pone también a prueba la identidad sexual. “Otra prueba muy importante es el encontrarse de una forma más consciente con la diferencia de sexos. Muchos comienzos de enfermedad mental se dan en esta edad”, indicó.
 
Más adelante, la persona debe enfrentarse a otras situaciones de cierta trascendencia, como por ejemplo los viajes de estudios o en salidas nocturnas con los amigos. “Más de una vez se producen descompensaciones al encontrarse con determinadas escenas que les generan tal daño que les llevan a romper su conexión con la realidad". Tal y como explicó la psiquiatra, eso sucede porque la persona tiene un vacío en su estructura interna que no le permite asimilar esas situaciones. A veces, la descompensación se produce a raíz de alguna frase, determinada manera, que no encuentra un encaje en el esquema interno de esta persona. Asimismo, pueden producirse desequilibrios en el comienzo de un nuevo trabajo, en primeros encuentros sexuales o en nacimientos de hijos. 
 
Cuando se produce la ruptura con la realidad, es fundamental la reacción del entorno del afectado. Es muy importante la manera en la que se hace frente a la angustia que se crea en estas situaciones, y la capacidad de acoger y adaptarse al nuevo contexto.