Atención plena para mejorar nuestro bienestar

La práctica del Mindfulness, que se traduce como 'atención plena', tiene como objetivo ampliar la consciencia sobre lo que nos ocurre en el momento presente. Consiste en prestar atención a nuestras emociones, pensamientos y sensaciones para favorecer nuestro crecimiento personal y bienestar. «El Mindfulness nos enseña, entre otras muchas cosas, a decidir el modo en que vamos a responder a situaciones estresantes. Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio, y en ese espacio descansa nuestra capacidad de elegir la respuesta», señaló Itsasne Gallastegui, psicóloga de Agifes, en la charla ofrecida el 21 de junio en Tolosa.

Aunque se trata de un concepto muy en boga, no es nuevo, sino que surge de la tradición budista, hace 2.500 años. El encargado de popularizar esta filosofía en Occidente, trascendiendo sus orígenes espirituales, ha sido el médico y biólogo Jon Kabat-Zinn. De hecho, tal y como apuntó Gallastegui, la práctica del Mindfulness se ha expandido «más allá de los ámbitos de la psicología y del bienestar mental y emocional», para tratar problemas como el dolor crónico.

Cuestión de actitud

En palabras de Gallastegui, el Mindfulness requiere una actitud de «curiosidad o mente de principiante, que implica observar la experiencia como si fuera la primera vez, libre de condicionantes». También es necesario «abrirse a experimentar» la realidad, en vez de mantenernos anclados «en lo que debería ocurrir»; y es también importante «abandonar el intento de controlarlo todo».
 
Es necesario, asimismo, trabajar la imparcialidad, el «no juzgar ni etiquetar los pensamientos, sentimientos y sensaciones»; es decir, «aceptar» las cosas tal cual vienen y «dejar que la emoción encontrada fluya». La ecuanimidad, la confianza en la experiencia y la paciencia son también cualidades de especial relevancia.

Práctica informal

La ponente remarcó que la práctica formal del Mindfulness requiere de muchos años de trabajo supervisado por un experto en la materia, que puede ser un médico o un psicólogo especializado, por ejemplo. De hecho, este tipo de herramienta, que se utiliza como complemento del proceso terapéutico, es «muy útil con patologías como el trastorno límite de la personalidad, ya que las personas afectadas tienen una fuerte desregulación emocional».
 
Sin embargo, Gallastegui ofreció claves para comenzar a ejercitar la atención plena de manera informal. La respiración abdominal, por ejemplo, «nos ayuda a moderar la respiración irregular generada por el estrés o la irritabilidad». Por otro lado, observar los pensamientos permite «descubrir los prejuicios, preocupaciones, tristezas y enfados que nos indican dónde debemos poner la consciencia».
 
La psicóloga subrayó que, durante la práctica de la atención plena en el presente, es inevitable que la mente se mueva entre los recuerdos del pasado y las expectativas de futuro. En esos casos, la solución no reside en «intentar no pensar o retener el pensamiento», sino en hacer un trabajo personal para «no juzgar, aceptar y volver a traer la mente al presente». En ese sentido, la experta señaló que, en ocasiones, analizar las ideas y sensaciones que asaltan a la mente en esos momentos permite percatarse de los conflictos emocionales y tensiones acumuladas en el cuerpo.