Los datos apuntan a que más de un 2% de la población mundial padece TOC. ¿A quién puede afectar esta enfermedad? 

A cualquiera, aunque hay rasgos comunes en algunos casos, como el hecho de ser muy responsable, perfeccionista, de gran sensibilidad e inteligente. 

Este trastorno es conocido como ‘la enfermedad silenciosa’. ¿Por qué? 

Las personas que lo padecen, normalmente, lo ocultan por miedo a que los demás los cataloguen como raros o locos. Esta es una de las razones por las que es difícil de diagnosticar, y se suele tardar una media de 7 años en pedir ayuda.

Se manifiesta a través de dos vías: la obsesión y la compulsión, ¿cómo se explica cada una de estas reacciones?

Las obsesiones son ideas, imágenes, que aparecen en nuestra mente de manera recurrente, repetitiva, intrusiva, y que nos producen un alto grado de malestar y ansiedad; por ejemplo, miedo a que les pueda pasar algo malo a nuestros seres queridos. Las compulsiones, en cambio, son la manera de neutralizar, de reducir el malestar que nos producen las obsesiones. En este sentido, las compulsiones pueden ser tanto conductuales como mentales. En las conductuales, ante la obsesión de que pueda ocurrir una desgracia, podemos lavarnos muchas veces las manos o tocar un objeto un número determinado de veces. En las mentales, sin embargo, la repetición se da en el pensamiento.

¿Son las manías un síntoma de este trastorno?

Son parte de nuestra vida diaria; por ejemplo, morderse las uñas, llevar un vaso de agua a la cama por la noche, empezar a leer el periódico por el final… Nos causan bienestar y no obstaculizan el día a día. Sin embargo, el TOC interfiere en nuestra vida de manera negativa, nos produce malestar, ansiedad y un gran temor.

¿Podríamos decir que este trastorno crea adicción? 

Sí. La ansiedad que generan las obsesiones se asemeja al ansia que nos produce, por ejemplo, dejar de fumar. En el caso del TOC, para reducir esa inquietud se realiza la compulsión (como puede ser lavarse las manos repetidas veces), y la adicción sería llevar a cabo la compulsión, ya que momentáneamente nos produce alivio y reducción del malestar. 

 

Sin embargo, como con cualquier droga, es pasajero y crea un círculo vicioso entre obsesión y compulsión que no se acaba nunca; a no ser que rompamos ese círculo.

¿Cuáles son las pautas para mejorar?

La terapia más efectiva, actualmente, es la terapia cognitivo-conductual; en muchos casos, en combinación con terapia farmacológica. Si logramos cambiar las creencias erróneas que nos llevan a obsesionarnos con determinados pensamientos, y utilizando la Exposición con Prevención de Respuesta (EPR) para las compulsiones, la tasa de recuperación es bastante alta. En la EPR exponemos al sujeto al objeto temido. Por ejemplo, ante el miedo a contaminarse por algún germen, el paciente tocará objetos que él considere que puedan estar sucios y, acto seguido, intentamos prevenir la respuesta. De esta manera, tratamos que la reacción, que en este caso sería lavarse las manos, no sea inmediata. Al principio, intentamos que el intervalo entre tocar el objeto y lavarse las manos sea cada vez mayor para, finalmente y tras varias sesiones, lograr que no se lave las manos.

 

Para todo ello, es muy importante que el afectado entienda lo que es su trastorno y que acepte sus obsesiones. Negarlas o rechazarlas sólo sirve para empeorar los síntomas. 

Una vez diagnosticado y con el tratamiento adecuado, ¿se puede llevar una vida normalizada? 

Si, por supuesto. Gracias a la terapia, el paciente conoce las herramientas a aplicar en caso de que aparezca algún pensamiento obsesivo.

Desde el grupo de acción ‘Descubriendo el TOC’ habéis lanzado una iniciativa que busca informar sobre este trastorno en distintas ciudades. ¿En qué cosiste exactamente?

El objetivo es hacer visible el TOC para encontrar soluciones y lograr apoyos de pacientes, familiares y de la sociedad en general. La campaña tiene como meta la divulgación del TOC, sus diferentes tipos y las posibles terapias que existen a través de la elaboración de manuales, talleres, información en la calle y encuentros con los afectados, allegados y familiares.