El psiquiatra Rafael Benito impartió el pasado 16 de julio en Ibiltzen Benta Berri una interesantísima conferencia sobre los trastornos mentales que con más frecuencia pueden detectarse en atención primaria, como es el caso de la ansiedad, la depresión o los trastornos somatoformes (los cuales presentan síntomas físicos cuya causa no es orgánica, sino psicológica). Bajo el título, ‘Los trastornos psiquiátricos: el mayor desafío sociosanitario del siglo XXI. Implicaciones para la Atención Primaria’, el experto de la Clínica Quirón se centró en estas enfermedades que se están convirtiendo progresivamente en el máximo problema sanitario y social de nuestro tiempo.

El ponente aportó datos de la OMS que constatan que las enfermedades neuropsiquiátricas son la causa más importante de incapacidad. Seis trastornos psiquiátricos se encuentran entre las 20 enfermedades más prevalentes. La depresión es la quinta más frecuente del mundo y la sexta en Europa. Por otro lado, en 2006, el 15% de la población mundial tomaba psicofármacos recetados por el médico. Si atendemos a las cifras que se registran en atención primaria, el 50% de los pacientes atendidos sufre de ansiedad; entre el 10 y el 15%, de depresión mayor; y el 19-26%, de trastornos somatoformes, por poner algunos ejemplos. Además, el 20% de los niños atendidos presenta algún trastorno mental.

En algunos casos estas enfermedades comienzan a edades muy tempranas, como sucede con los trastornos por déficit de atención, que afectan a un 5% de los niños. Tal y como explicó el experto, los trastornos infantiles son especialmente difíciles de detectar, ya que “a los niños les cuesta expresar lo que les sucede y los padres tampoco logran identificar los problemas”.

El psiquiatra se refirió también a los trastornos de conducta alimentaria, que se inician “generalmente en la adolescencia, y últimamente incluso antes”, así como a los trastornos del estado de ánimo. La depresión es uno de los principales; una enfermedad cerebral que “cuanto más tarda en curar, mayor es el deterioro del tejido cerebral que produce”. Está comprobado que “los antidepresivos promueven la recuperación” de las zonas dañadas y, aunque no se haya demostrado, la psicoterapia puede servir de gran ayuda, en opinión de este especialista.

Los trastornos de la ansiedad, como la angustia, la fobia social, el obsesivo-compulsivo o el estrés postraumático se caracterizan por su “duración o intensidad desproporcionada” o por las “respuestas inadecuadas” de los afectados ante amenazas no reales. Por último, en cuanto a los trastornos somatoformes, el médico subrayó que “es fundamental el papel del equipo de atención primaria, ya que estos pacientes no pueden entender que su problema no sea físico, por lo que se resisten a acudir a la consulta del psiquiatra. Funcionan mucho mejor cuando son atendidos por un médico de atención primaria”.

Dado el grave problema de salud pública que representan estas enfermedades, las estructuras de atención primaria han de poner especial atención para su prevención y tratamiento. Según informó Rafael Benito, actualmente el nivel de detección de estas enfermedades es “muy bajo” en los servicios de atención primaria.

Coordinación sanitaria

El experto señaló que por el momento no existe ninguna estrategia que se haya probado eficaz para evitar que surjan estos trastornos, ya que son muchos los factores que inciden en su aparición: desde la “predisposición genética” hasta los factores desencadenantes, derivados del entorno familiar y social. Sin embargo, para la mayor parte de las enfermedades, está demostrado que la detección y tratamiento precoces mejoran notablemente el pronóstico. Para ello, el psiquiatra hizo hincapié en la necesidad de impulsar la “coordinación sociosanitaria”.

Durante el turno de preguntas, varias trabajadoras del marco sanitario que asistieron a la conferencia coincidieron en señalar que no existe comunicación entre la atención primaria y especializada. Además, añadieron que la confidencialidad no ha de interferir en el análisis de los pacientes, que ha de ser compartida, puesto que va “en contra de la atención sistémica” el que cada parte se reserve su información.