«A día de hoy cuesta mucho pedir ayuda» por parte de quienes sufren depresión, bien «por el qué dirán o porque se percibe como una debilidad»
«Decir ‘me voy al fisio’ o ‘me voy al psiquiatra’ no tiene el mismo trasfondo»
Artículo de Patricia Rodríguez | El Diario Vasco
A pesar de que la depresión es una realidad que nos rodea, pedir ayuda «todavía cuesta, por la percepción de debilidad y el qué dirán» como principales causas, según observa Iratxe Etxenike, psicóloga de la asociación de familiares y personas con problemas de salud mental de Gipuzkoa (Agifes). Con motivo hoy del Día Mundial de la lucha contra la depresión, la especialista subraya el papel del entorno «para ofrecer ayuda antes de que la persona la pida».
La depresión es uno de los trastornos más extendidos entre la población, con una prevalencia que ronda los 44 casos por cada 1.000 habitantes en Euskadi. ¿Qué nos está pasando?
Sí que existe una presencia notoria, también de la ansiedad que muchas veces viene en ‘pack’, y es una realidad que nos está rodeando actualmente. Aunque en Agifes tratamos a gente adulta, también vienen padres preocupados por el estado de salud de sus hijos porque perciben rasgos ansioso-depresivos relacionados con los estudios, la autoestima, la proyección de futuro…
¿Ha cambiado la forma en la que las personas viven la depresión respecto a hace 15 o 20 años?
¿Qué emociones suelen esconderse detrás de esta enfermedad mental?
«Hay personas que aparentemente son capaces de ir a trabajar hasta que llega un punto en el que hacen ‘click’»
¿Se puede seguir funcionando (trabajo, estudios…) y sufrir depresión?
A ojos de la sociedad, sí. La pregunta es ¿cómo lo está viviendo esa persona? Es decir, ¿cómo está viviendo esa persona el tener que levantarse, el tener que acudir al trabajo, el tener que estar las ocho horas? Hay personas que aparentemente son capaces de ir a trabajar hasta que llega un punto en el que hacen ‘click’ y ya no pueden sostenerlo más. Y es ahí cuando la gente se sorprende y dice ‘si estaba viniendo a trabajar’. Pero al final es una máscara que se pone la persona para afrontar ese día. ¿Por qué? Porque cuesta asumir y decir: tengo depresión.
¿Y por qué resulta tan difícil pedir ayuda?
Me da la sensación de que por un lado se percibe como una debilidad y, por otro, por el qué dirán. Ese estigma se está trabajando, pero todavía falta hacer más. Decir ‘me voy al fisio’ o ‘me voy al psiquiatra’ no tiene el mismo trasfondo.
¿Cómo está influyendo la cultura del positivismo forzado?
Lo simplifica todo demasiado. Si fuera tan fácil ser positivo no existirían psicólogos ni psiquiatras, ni fármacos. No estamos hablando de una simple elección de la persona, sino de factores biopsicosociales, de vulnerabilidad, de cómo es mi autoestima, cuáles son mis rasgos, si soy perfeccionista, etc. Hablamos de aspectos sociales, que pueden tener un gran impacto; de un evento traumático como puede ser la pérdida de un familiar en un accidente, por ejemplo. ¿Cómo no voy a estar triste, enfadada o asqueada? Me toca estar triste, es mi duelo. Necesitamos el resto de emociones y no invalidarlas.
¿Cuál es la diferencia entre estar triste y tener depresión?
La tristeza es una emoción universal que todos tenemos y debemos de tener, una emoción que nos ayuda a adaptarnos al día a día. Normalmente sabemos cuál es la causa, y suele ser más corto en el tiempo. Sin embargo, cuando estamos hablando de la depresión es más que algo puntual, es un estado más prolongado y nuestra adaptación al día a día, a nuestro entorno, cuesta.
«Las redes sociales, la exigencia laboral, la dificultad de acceder a una vivienda… son factores sociales que influyen»
¿Se está medicalizando demasiado el malestar? El consumo de antidepresivos en Euskadi se ha incrementado un 40% en la última década.
Tengo la sensación de que en la sociedad en general nos cuesta mucho tolerar el malestar y el dolor, el nuestro y sobre todo el ajeno. ¿Cuál es la tendencia? Desactivar ese dolor. Y hay ciertos aspectos de la vida en los que tenemos que sentir ese malestar, porque es lo que toca. Por ejemplo, con una pérdida me toca estar mal y me toca seguramente no dormir durante tres días. Es el precio del duelo. Cuando medicalizamos, estamos desactivando algo natural, como es el dolor, la tristeza, la ausencia… Con esto no digo que no haya que medicalizar; esto es, si vemos un malestar que se está alargando en el tiempo, que nos dificulta nuestro día a día, nos dificulta el levantarnos, el ir a trabajar o estudiar, y que está generando un daño en distintos círculos del día a día, sí sería conveniente hacerlo.
Cuando sus pacientes acuden a consulta, ¿cuál es la frase que más repiten? ¿Cómo lo exteriorizan?
La conclusión a la que llegan muchas personas es que la vida que tienen ahora no es la que tenían antes. Suele ser bastante frecuente esa dificultad de disfrutar de aquellas cosas con las que disfrutaban antes, esa mirada cambia, no se sienten como las personas que eran.
¿Se puede volver a ser el de antes?
Creo que la respuesta cambia en función de la persona. Hay gente que te dice que sí, pero también hay una gran parte que afirma lo contrario porque ha vivido algo que le ha cambiado y existe ese pozo de haber atravesado esa experiencia. Pero la depresión no tiene por qué ser para siempre.
«Siempre hacemos hincapié en ‘tienes que pedir ayuda’ pero para quien sufre, ese primer paso cuesta muchísimo»
¿Asusta asumir un diagnóstico de depresión?
A muchos pacientes les tranquiliza en el sentido de que no es algo que se han inventado, que lo que les pasa tiene nombre, pero a otros en cambio les asusta. En este sentido, aunque cada vez se habla más de los problemas de salud mental, hay que tener cuidado con la información de la que disponemos. Porque cuando escuchan depresión hay personas que lo identifican como algo crónico, que siempre se van a mantener en ese estado y no va a haber ninguna mejora. Hay que trabajar esa psicoeducación, trabajar esos miedos que pueden estar ligados al concepto de la depresión.
¿Y se puede trabajar la prevención?
Hay aspectos, por ejemplo sociales o psicológicos, en los que podemos trabajar muchísimo más y, por tanto, disminuir la probabilidad de terminar con un problema de salud mental. Me gustaría incidir en una cuestión. Siembre hacemos hincapié en ‘tienes que pedir ayuda’ pero mi mensaje es también para el entorno, que tenga el radar puesto, que sea consciente de cómo pueden estar las personas de nuestro alrededor y ofrecer ayuda, ofrecerles un momento para ir a tomar un café y hablar sin esperar a que la pidan. Porque para quien sufre ese malestar, dar ese primer paso cuesta muchísimo.
