Los problemas de salud mental de Maialen Mendinueta emergieron a los 17 años, aunque hace muy poco que conoce su diagnóstico: trastorno bipolar. Como dentista, ha observado el impacto de los trastornos mentales en la salud oral.
«La salud bucodental y la mental están muy conectadas»
¿Cuándo comenzaron los primeros síntomas y cómo influyeron en tu carrera?
Mis primeros brotes psicóticos ocurrieron cuando tenía 17 años, justo en plena etapa de estudios. Tuve un segundo brote cuando estaba en Nicaragua, en 2002, cuando me encontraba en cuarto de carrera, y fue terrible; me tuvieron que trasladar a San Sebastián y quedé ingresada en un hospital psiquiátrico. Pero me recuperé y logré acabar la carrera y un máster en ortodoncia exclusiva.
¿Cómo fueron los años posteriores?
Estuve 10 años sin episodios, y eso me permitió acabar los estudios en Barcelona, volver a Euskadi y ponerme a trabajar. Pero en 2013, justo con el nacimiento de mi primer hijo, tras un parto y un postparto muy duros, recaí. Volví a recuperarme, y dos meses después de parir ya estaba trabajando. Afortunadamente, mi segundo parto fue mejor.
Durante todo este tiempo no estaba medicada de forma constante. El último brote fue en 2017, cuando murió mi amama, y justo el año después entré en depresión. Para mí fue lo más duro, peor aún que los brotes psicóticos, porque no tenía ganas de vivir ni de nada. Pero también conseguí recuperarme. Y justo hace tres meses, me han dado el diagnóstico definitivo: trastorno bipolar tipo 2, que se caracteriza por tener más depresiones que «subidas».
¿Cómo has manejado esta situación con tu carrera profesional?
Ha sido complicado. Durante años he trabajado en diferentes clínicas, algunas con ambientes muy exigentes. En particular, he tenido alguna experiencia muy estresante, porque aunque amaba mi trabajo, la presión y la falta de comprensión sobre la salud mental en el ámbito laboral me hicieron vivir momentos complicados.
¿Cómo te encuentras ahora?
Para mí ha sido un alivio recibir el diagnóstico, porque me ha permitido encontrar una explicación a muchas de mis experiencias. Pero también supuso un reto, porque implica aprender a gestionar mi vida de otra manera. Actualmente estoy de baja, pero preparada ya y a punto de reincorporarme al mercado.
Además, me he dado cuenta de que quiero aprovechar mi experiencia para ayudar a otras personas, no solo desde la ortodoncia sino también desde la concienciación sobre la relación entre salud oral y salud mental. Me gustaría compartir mi testimonio.
«Es muy importante el apoyo familiar y profesional para garantizar la salud bucodental»
¿Cómo afecta la salud mental a la salud bucal?
Es una relación bidireccional; ambas están muy conectadas. Por ejemplo, la depresión puede llevar al descuido de la higiene oral, y los medicamentos psiquiátricos pueden provocar problemas como la xerostomía (disminución o ausencia de saliva en la boca). Los problemas dentales pueden también generar inseguridad y afectar el bienestar emocional.
¿Cuáles serían tus consejos para quienes enfrentan problemas de salud mental y quieren cuidar su salud bucal?
Lo primero es no descuidar la higiene dental, aunque en momentos difíciles cueste. Para alguien con depresión, cepillarse los dientes es lo que menos le apetece. Por eso es muy importante el apoyo familiar y profesional. Sin presionar ni juzgar, pero actuando como recordatorio. Y, por supuesto, es fundamental acudir regularmente al dentista, que debería tener una visión global de la salud del paciente.
