¿Cómo llegaste a mostrar tu arte en la playa?
Mi amona me lo inculcó desde pequeño; le gustaba esculpir madera. Tras su muerte, empecé a hacer mi camino y me apeteció trabajar en la playa. Al principio realizaba esculturas de arena, y luego me pasé al dibujo. He ilustrado paisajes, encargos para eventos… pero sobre todo mandalas; es lo que más me llena.

¿Y qué significan tus mandalas?
He pasado por épocas malas que me han conducido a investigar sobre temas como el budismo y su arte. Así conocí los mandalas hechos con sal y arenas de colores sobre tablas en el suelo. Se trata de un arte efímero, porque tras completar la obra, se destruye; y tiene un significado espiritual. El mandala representa un todo; se materializa en círculo tras círculo. Empiezas desde dentro hacia afuera, como la evolución personal, que siempre se produce de adentro hacia afuera. Vas improvisando cada día, y un trocito de tu alma queda grabado en ese momento.

El apoyo que recibo de la asociación, el arte, la huerta y mi hija son claves para mi bienestar emocional.

¿Por eso se destruye al final, porque representa al momento presente?
Sí, y también para evitar el apego a las cosas, la posesividad. Es una forma de liberación del alma y de la mente. Aunque en este caso es la naturaleza, con sus ciclos y mareas, la que destroza la obra. Me representa más.

Pero sí que guardas el recuerdo de tus trabajos a través de fotografías y has publicado un libro, ¿verdad?
Así es. Tenía la idea de recoger mis obras en un libro junto a diversos sentimientos y reflexiones, y fue la educadora Garazi quien más me animó a materializarla.

¿Las actividades artísticas contribuyen a tu salud mental?
La verdad es que cuando no puedo dibujar por exceso de trabajo, me baja el ánimo; no me siento del todo útil. Sobre todo me ayuda el arte en la arena porque tiendo a ser muy solitario, y trabajar en la playa me permite conectar con las personas. Cuanto se me acerca un niño o una señora mayor y me dan las gracias por el dibujo o me sonríen… es muy gratificante.

¿Y la huerta también te ayuda?
Los días que quiero estar solo me voy a la huerta, y me sirve de inspiración. De pequeño, mi abuela me enseñó a plantar algunas hortalizas en tiestos, y ahí despertó mi gusto por la jardinería. Luego trabajé durante una temporada en el campo con mi tío, y estuve un par de años en Karabeleko.

¿Cómo fue tu experiencia en Karabeleko?
Me ayudó mucho. Llegué a Agifes con un diagnóstico de depresión. Pasaba mucho tiempo encerrado en casa o en la huerta, pasando de la vida. Entonces me propusieron entrar en Karabeleko para volver a relacionarme.

Ahora estás en el programa de Apoyo a la Vida Independiente… Suele venir una educadora a casa a ayudarme con mis rutinas y con trámites que me resultan complicados. El apoyo que recibo de la asociación, el arte, la huerta y mi hija son claves para mi estabilidad emocional.

¿Algún sueño que te gustaría cumplir?
Me encantaría vivir en un caserío rodeado de animales. Es un trabajo duro, pero a mí me relaja y me ayuda a ordenar la mente. Además, sueño con un mundo en el que haya mayor equilibrio entre las personas, los animales y la naturaleza.

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‘El arte que el mar se llevó…‘ está disponible en la librería Peñuelo de Donostia, o se puede solicitar a través de mensaje directo en la cuenta de Instagram de Ismael: @isarlur13