Hace unos meses, Manolo Moro se mudó de Oiartzun a Arantza (Navarra) para disfrutar de una vida más tranquila. El trabajo, el huerto, su entorno y el acompañamiento que recibe en la asociación le ayudan a afrontar la depresión. Dice que ya empieza a tener ganas de retomar su hobby: la interpretación.

Acabas de participar en el programa de Apoyo Mutuo.
Sí, he tenido unas 14 o 15 sesiones con Mikel Merino, y ha sido una experiencia muy positiva. Mi visión ha cambiado mucho. Ahora me cuido más y soy consciente de que las personas que tenemos un trastorno también podemos hacer mucha parte de “vida normal”.

También asistes al grupo de personas con depresión.
Es una experiencia potente. La empatía y comprensión que encuentro ahí me hacen sentir muy integrado. Encima está dirigido por una gran profesional: Maider Gorostidi.

¿Qué te llevó a pedir ayuda?
Llevo mucho tiempo con depresión y la atención que ofrece la Seguridad Social no es suficiente, por lo que decidí acercarme a Agifes. Ya tenía experiencia previa en grupos. Hace años estuve en Proyecto Hombre, y al tiempo recaí y volví a consumir. Entonces, fui a Agipad y me ayudaron mucho. Por eso, soy consciente de la importancia de pedir ayuda.

¿Destacarías algo que hayas aprendido en estos meses de acompañamiento?
Sobre todo, la necesidad de romper las barreras que nosotras mismas nos ponemos, y el darme cuenta de que yo soy mi principal cuidador, puesto que soy quien más me conozco.

¿A qué te dedicas?
Soy pensionista y tengo un empleo protegido. Aunque aún soy joven, sé que no podría ejercer un trabajo normalizado por mi situación. Ir a trabajar es, a menudo, fruto de un autoconvencimiento, porque los trabajos protegidos son muy rutinarios. En mi caso, soy hábil con las manos, y como la tarea me resulta fácil, me sobra tiempo para pensar, y eso no me ayuda.

¿Tienes alguna afición que te ayude en tu día a día?
Pues mira, ahora me están volviendo las ganas de retomar la interpretación, el teatro. Tengo un proyecto en la cabeza, y si no sale, igual me apunto a algún grupo.

Descubrí el mundo de la intepretación cuando empecé con los problemas de salud mental. Ese ratito en el que puedes ser lo que quieras y evadirte del mundo, sienta muy bien. La energía grupal positiva tira mucho de ti; te sube.

¿Qué tal estás a día de hoy?
Hoy mismo estoy haciendo un esfuerzo por venir aquí y aportar, aunque me cueste mucho y esté pensando en volver a casa y tumbarme. Pero con mi fuerza de voluntad y el apoyo de la gente que me quiere, aquí estoy. Se puede salir adelante; no nos conviene encerrarnos tanto en nosotras mismas. Aunque el día que no se puede, no se puede; pero tampoco hay que caer en la trampa de “hoy no puedo, mañana tampoco…”. Yo me obligo muchas veces; me funciona bien el “autoengaño” de ponerme tareas pequeñas. A veces, las cumplo justo-justo, y otras me animo a hacer un poco más, y luego me siento genial.

Gracias por hacer esta entrevista, pese a que no es tu mejor día.
Sí, creo que esas son las barreras que tenemos que enfrentar. Es importante hacer estos esfuerzos, y también el autocuidado y pedir ayuda. Durante años no lo hice, y las consecuencias fueron muy duras.

¿Algún objetivo?
Vivir el día a día lo mejor posible. La propia sociedad nos engaña con la imposición de objetivos y metas que muchas no vamos a poder cumplir. Poder acostarte y decir, “mira, hoy he puesto cinco estacas en la huerta y he ido a trabajar”; eso es lo que busco. Y no estar comiéndome la cabeza con cuándo van a volver los bajones, porque sé que vendrán, pero con esta actitud los afrontaré de otra manera y serán menos frecuentes.